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lunes, 29 de octubre de 2018

VII - Mi Tío Carlos Manuel van Grieken Pérez - serie familiar (cap. VII)

SER+POSITIVO
Carlos Manuel van Grieken Pérez

Quiero hacer mención a una persona a quién le debo mucho sobre mi trayectoria profesional y laboral y se trata de mi recordado y muy querido Tío-primo Carlos Manuel van Grieken Pérez, primo hermano de mamá, fue esposo de mi tía Nelly Pastora van Grieken Landaeta (hna. de mamá) y padre de mis queridas primas hermanas Belitza Inés y Karely Coromoto van Grieken van Grieken.

Tía Nelly y Tío Carlos
Junko Country Club años ‘60
Pues si mi tío (parentesco que siempre privó sobre el de primo) Carlos, nació en Coro estado Falcón un 29 de octubre de 1926, sus padres fueron Don Juan van Grieken y Doña Luisa Pérez de van Grieken; Carlos Manuel fue un gran hombre, excelente padre, un afectuoso familiar, amigo incondicional, alegre y dicharachero, un trabajador incansable y con mucho tesón.




Habiéndose formado en su juventud como trabajador petrolero en la Corporación Venezolana de Petróleo (CVP) cuando aún no existía PDVSA, trabajó muchos años en la la Planta de Morón y logró formar parte de los pocos trabajadores que sin ser profesionales universitarios, pasaron a formar parte de la nueva empresa estatal, pasando a la línea administrativa de la recién formada PEQUIVEN filial de PDVSA, dónde con su arduo trabajo llegó a ocupar la Gerencia Nacional de Ventas de esta corporación, dónde era además de un alto gerente, una persona muy apreciada por sus jefes y por sus compañeros de trabajo, era impresionante como lo apreciaban, desde el más humilde vigilante o porteros hasta el Presidente de la empresa lo estimaban y lo saludaban por su nombre, con mucho afecto y cariño, podría decirse que era un “ícono” de Pequiven, casi que un “activo fijo” de la empresa de la cual se sentía muy orgulloso de formar parte importante de ella.


Al llegar su jubilación en la empresa Pequiven, formó junto a otros compañeros la Asociación de Gerentes y empleados Petroleros retirados AGROPET (hoy en día AJIP) de la cual pasó a ser su Presidente.

Es a él a quién le debo mi orientación laboral y mi primer empleo cuando apenas tenía 21 años, pues él me recomendó con su gran amigo el Lic. y Econ. Ramón Gómez Romero, Dueño y Presidente de Industrias Cagua (hoy Inca Oíl) quién sin dudarlo (por la procedencia de mí recomendación) me contrató como su asistente personal, con un excelente sueldo y una posibilidad de crecimiento empresarial que difícilmente se me hubiesen presentado de no haber sido por la generosa intervención de mi querido tío Carlos Manuel.
Fue un duro inicio laboral con un exigente jefe (Ramón Gómez) a quién también le debo mucho por sus enseñanzas y por la oportunidad que me brindó. Fueron muchas las veces que intenté “tirar la toalla” por las altas exigencias laborales, pues como asistente del Presidente de la empresa era una especie de “utility” que tenía que hacer de todo en mí trabajo, tanto como estar presente en reuniones con altos ejecutivos de corporaciones como Procter & Gamble, La Electricidad de Caracas o de Cervecera Nacional, donde éramos sus proveedores de productos químicos y materias primas, o igual tener que ir un sábado al depósito de la empresa a manejar un monta cargas por ausencia del operador y descargar un camión que llegaba de El Tablazo con Soda Caustica, todo un amplio abanico de responsabilidades que a veces me “asfixiaban” pero siempre me encontraba con la voz guía y experimentada de mi tío quién me impulsaba a seguir adelante y no decaer en mis inicios; recuerdo que me decía: 
-“carajito no aflojes que Ramón está contento contigo y me dice que tú tienes madera para el negocio, así que no me puedes hacer quedar mal” y yo seguía, como diría mi tío:
 -“echándole pichón como un palo de hombre”
(expresión muy usada por mi tío Carlos Manuel)
Realmente no me tocó fácil y debí poner mucho de mi parte para lograr mi estabilidad laboral, lo cual se traduciría en un futuro, en permitirme optar por excelentes oportunidades en nuevos destinos laborales siempre en el sector químico.

Cuando mi querido tío Carlos enfermó y se vio muy comprometida su salud producto de un cáncer en el año 1996, yo vivía en Barquisimeto con mi segunda esposa; sin pensarlo mucho me trasladé a Caracas y estuve a su lado en sus últimos días, junto a mis primas hermanas y gran cantidad de familiares, en el Urológico de San Román. Realmente no le hacía falta nada, estaba muy bien atendido y en una excelente clínica privada, me quedó la satisfacción de poder complacerle algunos “antojos” que tenía: - que si unos batidos de fresa de tal lonchería en El Paraíso, yo iba y se lo traía, - que si unas empanadas de tal sitio yo se las buscaba con muchísimo gusto; realmente no pasó por mayores sufrimientos (más que el de morir que no es poca cosa), lo visitaron toda su familia, sus grandes amigos, sus antiguos compañeros de trabajo e incluso contacté a quién había sido mi primer jefe (gracias a la recomendación de mi querido tío) si a Ramón Gómez el Presidente y dueño de Inca Oíl, con quién mi tío había perdido contacto y este no sabía de la gravedad en que se encontraba su viejo amigo. De inmediato hizo acto de presencia para el gran regocijo y alegría de mi tío, al ver que uno de sus grandes amigos estaba allí presente en esos momentos. Nunca le dije a mi tío que fui yo quién lo llamó y solo me di por bien servido de poder disfrutar de la alegría de mi querido tío.

También llevé a mi papá a verlo, pues tenían muchos años sin encontrarse y quiero mencionar esta bonita anécdota: papá entró a la habitación de la clínica solo delante de mí y saludo a mi tío Carlos, quién le respondió muy diplomáticamente pero sin mayor efusividad, de inmediato mi papá procedió a comenzar a saludar a la gran cantidad de familiares y amigos que allí se encontraban; en ese momento mi tío me llamó con una seña y me acerqué a su lado agachando mi cabeza hasta la altura de su lecho y él me preguntó: “¿quién es ese señor de cabeza blanca que entró delante de ti y me saludó con tanto cariño? Yo lo miré con asombro y le dije en voz baja: “es mi papá Víctor Manuel que vino a visitarte” de inmediato y con los ojos desorbitados me pidió que lo llamara de nuevo y al acercarse nuevamente papá a su cama mi tío trató de incorporarse para abrazarlo y comenzó a llorar de la emoción de verlo después de tantos años. Sé que entre ellos siempre existió una gran camaradería más allá del simple hecho de ser concuñados, fueron muy buenos amigos y papá lo había ayudado y apoyado mucho cuando se divorció, sin él desearlo, de mi tía Nelly (hermana de mamá), papá trató de evitar que se divorciaran (sin conseguirlo) lo ayudó en algunos percances económicos que se le presentaron con el apartamento que tenían, en fin le había dado su mano en momentos difíciles, lo cual mi tío no olvidaba e incluso me lo había mencionado muchas veces cuando nos reuníamos a tomarnos unos “escoceses” en aquel primer trabajo que él me consiguió con su gran amigo hacía ya muchos años atrás, siempre me comentaba que él tenía mucho que agradecerle a mi papá y comenzaba a relatarme viejas anécdotas familiares que luego papá me confirmaba como ciertas. Es decir se apreciaban y se quería mutuamente, solo que el tiempo los había “separado” y tal vez la confusión producto de su enfermedad hizo que no lo reconociera inicialmente. Solo recuerdo que mi tío Carlos pidió que lo ayudara a levantarse de la cama y se fue caminando hacia una especie de balcón, solo con papá mientras le terciaba su brazo sobre el hombro, hablaron largo rato y los vi llorar a ambos como un par de niños, mientras conversaban allá afuera. Nunca supe de que hablaron pero fue muy conmovedor presenciar aquél bonito reencuentro.

Podría decirse que mi tío falleció como un Rey, como un gran dignatario, como un Gentleman (pues lo era) y así lo refería años después mi querida tía-madrina Josefina van Grieken (QEPD) con su exquisito hablar y gran cultura: “Carlos murió como un Rey, poco a poco, sin sufrimiento, se fue despidiendo de todos sus familiares y amigos”.
Debo acotar que lamentablemente casi 20 años después mi querida tía-madrina no tuvo la misma suerte…

Bueno volviendo a mi tío Carlos, estuve a su lado hasta el momento de su fallecimiento a altas horas de la madrugada de un 16 de marzo de 1996, minutos antes uno de los médicos que lo atendían llamó a quienes allí nos encontrábamos y nos dijo: “ya es la hora, así que los que lo deseen pueden entrar a despedirse y acompañarlo en sus últimos minutos”
Así lo hicimos mis primas hermanas Belitza y Karely, su esposo Pedro y mi persona; yo esperé mi turno para acercarme a su lado, estaba como dormitando, con los ojos cerrados y respirando con dificultad, lo besé en la mejilla como solía él hacerlo cuando me saludaba, algo poco usual en estas latitudes, algo que papá nunca hizo ni conmigo ni con mi hermano, pero mi tío era muy cariñoso y afectuoso como buen van Grieken y si acostumbraba a abrazarnos y darnos un beso en la mejilla cuando teníamos tiempo sin vernos… bueno lo besé con cariño y le acaricié suavemente la frente mientras lo contemplé por unos largos segundos, si le dije algo no lo recuerdo hoy en día, tal vez solo –“gracias
A los minutos falleció y no me despegué de su lado junto a mi querida prima hermana Karely Coromoto, incluso bajamos juntos hasta dónde lo llevaron a una especie de morgue y allí permanecimos largo rato con su cuerpo. Después me trasladé junto con mi primo Reynaldito (QEPD) su querido nieto mayor, para ir a casa de mi tío a buscarle un traje, una corbata y algunos botones de oro o “pines” (reconocimientos civiles como especie de condecoraciones) para que lo pudiesen arreglar en la funeraria.


Asistí a su muy concurrido funeral al cual acudió una gran cantidad de personas entre familiares, amigos y antiguos compañeros de trabajo, fue tan querido por todos que hasta los vigilantes y porteros de PDVSA la campiña asistieron a su funeral, fue realmente impresionante la demostración de afecto y cariño hacia este gran hombre, y como dice mi prima hermana Karely (su hijita querida) “recuerdo que nunca vi tanta gente en un velorio como en el de mi papá” asistió hasta el Cardenal Ignacio Velazco, alto jerarca de la iglesia católica; también asistí a su igual de concurrido entierro en el cementerio del Este y también a su novenario, pues era lo menos que podía hacer en honor a su memoria y como señal de mi eterno agradecimiento hacia mi querido Tío Carlos Manuel van Grieken Pérez, se había ido un gran hombre, en sus propias palabras “Un Palo de Hombre Carajo”.


CARLOS MANUEL van GRIEKEN PÉREZ
29 octubre de 1926 / 16 de marzo de 1996
Q.E.P.D.
QUE BRILLE PARA ÉL LA LUZ PERPETUA

SIEMPRE ESTARÁ EN NUESTROS CORAZONES


(continuará en próximas entregas...)

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Namasté