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jueves, 4 de julio de 2013

Un bolígrafo, cuaderno en blanco y un viaje ayudan a descubrirte a ti mismo

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Muchas veces, la escritura es una actividad antigregaria que se nutre de experiencias sociales, anécdotas y culturas, entre miles de cosas más que contribuyen a la formación de una oración, un párrafo y el texto.
El escritor no debe hablar mucho, pues tiene, y debe, escuchar más….

Por eso te invito a que organices un viaje no planeado. ¿Y cómo es eso? Pues es simple. Cada quien tiene inquietudes distintas, pero todos tenemos algo en común, y es el deseo de siempre descubrir cosas nuevas, incluso a uno mismo y, que termina siendo, una búsqueda inalcanzable, como la búsqueda del conocimiento absoluto. Simplemente nos acercamos a ellas, apenas palpándolas, pero ese acercamiento es necesario para satisfacer inquietudes, algunas veces maltrechas por la falta de decisión de uno mismo, para hacer las cosa que realmente quieres hacer.
Un viaje, teniendo como objetivo escribir sobre él, es algo invaluable. A veces, padecer un viaje es mucho mejor que vivirlo, padecerlo en el sentido de vivir la realidad del lugar donde estas.
IMG_0655Muchos piensan que la inspiración llega de la nada, que es fortuita y  que muy pocos han sido tocados por ella, no creo en eso. La inspiración la busca uno mismo, ya sea de forma consciente o inconsciente. Pero para eso hay que asumir un proyecto. Da lo mismo si escribes mejor con una botella de vino, o un cigarrillo, de noche o de día, en luz tenue bajo una penumbra moribunda, o fuerte, bajo un silencio que perturba más que una muchedumbre, en tu cama o en un café, siempre y cuando logres llegar a ese estado de  inspiración que, algunas veces, puede ser tan sereno como perturbador, pero que siempre fronteriza con la creatividad, que es tan necesaria para plasmar una idea.
Un viaje tiene picos emocionales, más cuando lo padeces, cuando es un viaje crudo, donde te empapas de realidades que no has vivido o que te parecen harto similares siendo tu cultura tan distinta. Esos picos son cruciales, porque le imprimen al viaje la experiencia necesaria. Por eso es tan importante que en situaciones emocionales tan abruptas, como llanas y subliminales, escribas. Describe esas situaciones. Dos cosas muy importantes son describir el ambiente, el espacio y tiempo de la temática social, eso es lo que sumerge al lector en esa aura tan sabrosa cuando lees un libro que nada ha podido igualar. Lo otro son los personajes, el hecho de que escribas de ti no quiere decir que eres tú solo en el mundo, el “tú” como persona se complementa y toma relevancia cuando integras a la ecuación literaria terceros, porque es donde verdaderamente existe el conflicto hecho palabra y, en consecuencia, se transforma en acción, lo que  sirve como catarsis o simplemente para brotar o crear sensaciones y sentimientos en los lectores. Y esa es la verdadera esencia de un escritor.
Los textos, al igual que las palabras, tienen sabores, tú como escritor los cocinas y como buen cocinero los pruebas, releyendo el relato, dándole reposo, al igual que una gelatina que se empotra a la nevera para que enfríe, fragüe y sea agradable, y el trabajo de los lectores es probar esas palabras  y degustar todos los platos de esa comida que termina siendo el texto entero.
La base fundamental de todo escritor de crónicas de viajes es la honestidad, y de ahí lo difícil de ser cronista, porque tiene que pasarte algo verdaderamente significativo, no solo para ti, sino que eso represente algo revelador para los lectores también. Hacer de lo cotidiano algo extraordinario compete más a los novelista, tarea altamente enrollada y de una capacidad intelectual trabajada con el tiempo. El cronista tiene que pasarle algo verdaderamente relevante, que le inquiete y lo deslumbre, que lo lance al suelo moralmente o que lo eleve a un estado de éxtasis subliminal, que lo revuelva por dentro a él para que el pueda revolver por dentro a los demás. Ese hecho  extraordinario , el cronista tiene que plasmarlo para que el lector sienta que es algo relevante, pero que también es parte de la cotidianidad del escritor, porque ese es su trabajo, vivir cosas que muchos no se han atrevido a vivir o no han podido.
Ya, en este punto, el escritor se enfrenta a sí mismo, y es prácticamente  como desnudarse en una plaza pública de un país musulmán. La timidez podría hacer que alguien  escriba para el mismo, pero el escritor tiene que usar esa timidez para mostrarse a si mismo a alguien que  no conoce muchas veces.
IMG_20130228_081453El uso de un seudónimo es de profusa ayuda  y luego de que vas llegando a pactos de convenio en ese triángulo amoroso que es la timidez, la intimidad y tu “yo” personal, a medida de que vayas llegando a acuerdos con tus propios demonios, pues te iras convirtiendo en un  exhibicionista  sin prejuicios frente a una página en blanco.
Escribir en tercera persona fue, en algún momento, algo excitante y hasta revelador, porque juegas a ser dios, tú tienes el control de todos los personajes y situaciones, en cierta forma es una escritura más potable. Pero escribir en primera persona  es tan atrevido como difícil, se plasma más una honestidad literaria, en donde los lectores te juzgan duramente  y te identifican mucho más con ellos mismos. Tienes la ventaja de hacer una escritura incomoda, y eso atrae.
No siempre la escritura, al igual que los viajes, suelen ser felicidades de fantasías de infantes, algunas veces deprimen pero liberan, otras excitan y reinventan el entorno y las persona que lo conforman.
Así que no lo pienses mucho, ahógate en tintas, en papeles en blanco, y lánzate a viajar escribiendo o, escribiendo mientras viajas…
A viajar!!!

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Namasté