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lunes, 24 de octubre de 2016

Oclocracia: el gobierno de la muchedumbre

Siempre hay un olvidado de entre los miembros de una camada. El olvidado no necesariamente es el más débil, también suele ser el más feo o el más incómodo. Y eso no sólo aplica a los animales. También puede ocurrir con los conceptos. Esta nota trata de rescatar de las sombras uno de esos olvidados incómodos: la oclocracia. Una de las camadas conceptuales más célebres de la antigüedad fue la que describía las varias formas de gobierno de una sociedad. Son conceptos que seguimos utilizando hasta hoy. Aristóteles nombró seis:  monarquía, aristocracia, politeia, democracia, oligarquía y tiranía. Platón las había dividido en pares: monarquía-tiranía, aristocracia-oligarquía, y democracia buena-democracia mala. El historiador Polibio, dos siglos más tarde, le dio un nuevo nombre a la “mala democracia” platónica y la convirtió en parte de un ciclo natural de las formas de gobierno. La “oclocracia” se convirtió en la degeneración natural de la democracia. Quizá nadie se acuerda de la oclocracia, porque nos incomoda ponerle nombre o siquiera considerar la inevitabilidad de la degradación de nuestra democracia. Si no hay peligro en invocar a la monarquía nombrándola, quizá si lo hay invocando a la oclocracia, al explicitar su nombre y su posible consecuencia: el despotismo. Aquí los ciclos de gobierno de Polibio:




Polibio, Historias, 6.4
La rotación de las formas de gobierno (seis formas de gobierno y su ciclo natural)
Voy a ilustrar la verdad de lo que digo. No podemos sostener que cada forma absoluta de gobierno constituye una monarquía, sino sólo aquella que es aceptada voluntariamente, y es conducida apelando a la razón y no al miedo y a la fuerza. Así, tampoco todas las oligarquías se pueden considerar como aristocracias; ésta última sólo existe donde el poder está en manos de los hombres más justo y más sabios, seleccionados por sus méritos. De la misma forma, no es suficiente con constituir una democracia que asegurar que todos los ciudadanos tengan el derecho de hacer lo que deseen o lo que propongan. No obstante, ahí donde la reverencia a los dioses, socorro a los padres, respeto a los ancianos, obediencia a la ley sean tradicionales y habituales, en esas comunidades, si la voluntad de la mayoría prevalece, entonces se puede decir de esa forma de gobierno como una democracia.
Así pues, podemos enumerar seis formas de gobierno, -los tres comunmente citados que acabo de mencionar [monarquía, aristocracia, democracia] y otras tres formas derivadas: me refiero al despotismo, la oligarquía y la oclocracia.

La primera de estas formas [despotismo] surge sin ayuda artificial y en el orden natural de las cosas. Junto y derivada de ésta con ayuda del arte y del ajuste, viene la monarquía; la cual, a su vez, degenerándose a su malvada versión asociada, me refiero a la tiranía, ambas son destruídas y se produce en cambio la aristocracia. Una vez más, ésta última suele pervertirse naturalmente y adoptar la forma de la oligarquía; así la gente, vengando apasionadamente los actos injustos de sus gobernantes, hace que la democracia comience a existir. Sin embargo, a su vez, debido a la violencia y desprecio por la ley se convierte en el gobierno de las muchedumbres. No hay una prueba de verdad más sólida para lo que digo que la observación cuidadosa del origen natural, génesis y decadencia de las varias formas de gobierno. Por que estudiando y distinguiendo cómo cada una de ellas se produce puede también dar una visión distintiva de su crecimiento, auge y decadencia; así como el tiempo, circunstancia y lugar donde cada una de estas pueda volver a ocurrir. Este método, asumo, es especialmente útil para la constitución Romana, porque sus orígenes y desarrollo han seguido desde el principio causas naturales.
Aquí una visualización de su teoría de la anacyclosis:


Polibio la pensaba como una especie de tiranía de las mayorías incultas que echaban mano a un uso indebido de la fuerza. La ilegalidad y la violencia acompañada de multitudes movilizadas era visto como un momento de oclocracia. James Mackintosh en su defensa sobre la revolución francesa (Vindiciae Gallicae) la define bien como la dominación de un populacho corrupto y tumultuoso (no la dominación del pueblo):
No basta con que el “populacho” domine, la oclocracia también suele asociarse con un estilo particular de gobernar relacionado con las “necesidades” de la muchedumbre: se comunica de forma no racional, apelando a sentimientos, utilizando el miedo y el nacionalismo y, en general, el circo, el linchamiento y la dádiva o el favor como formas de ejercer justicia y repartir bienes. En el mundo de las categorías clásicas, la oclocracia carece de algunas de las virtudes de la democracia, la oclocracia es su forma degradada porque peca de tres maneras particulares: es desorganizada, irracional y corrupta (beneficia a la muchedumbre sobre la colectividad).
El aparente anacronismo de esta categoría no necesariamente tiene que ver con su lejanía histórica (la monarquía como término aún sigue siendo popular); más bien quizá tenga que ver con el trágico y terrible hecho de que nuestros sistemas políticos son oclocracias en realidad, no democracias. Los tipos impuros (los degradados) suelen ser más reales que los puros (¿por qué no nos molesta describir una aristocracia como oligárquica o a algunas monarquías árabes como tiránicas?). Pareciese que hoy los demagogos oclócratas nos han convencido a las multitudes que lo nuestro es puro y se llama democracia y nada más; cuando lo cierto es que el populacho al que peretenecemos está siendo víctima de la demagogia y de un típico y triste caso de borreguismo multitudinario o, como se dice más formalmente, de “conformidad grupal”. Si quiere ser parte de un experimento liberador, mientras mira el siguiente video por favor sustituya los números por las palabras democracia y oclocracia.  Buena suerte.

@marriagad

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