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lunes, 24 de octubre de 2016

El Atentado al Congreso de 1848 - cuando la historia se repite...

El 24 de enero de 1848 se produjo un asalto al Congreso Nacional de Venezuela, el cual fue la culminación de una pugna política entre el gobierno del general José Tadeo Monagas y los liberales que lo apoyaban, y el grupo encabezado por el general José Antonio Páez, generalmente llamado conservador. En términos generales, este suceso marcó la ruptura definitiva entre ambos bandos los cuales venían enfrentándose desde 1830. Por su parte, Páez lo utilizó como excusa para alzarse en contra del gobierno de Monagas, mientras éste a su vez lo utilizó para imponerse a un Congreso que se le oponía y para derrotar a Páez en sus aspiraciones de controlar el poder sin ser presidente.
* Cualquier parecido con la actualidad es mera coincidencia!!!! o será que "la historia se repite" periódicamente o de manera cíclica... 
los ciclos de Polibio...
Que Dios Nos agarre confesados...

Antecedentes:

Luego de triunfar en las elecciones presidenciales de 1846, de ser confirmado en el cargo por el Congreso el 20 de enero de 1847 y tomar posesión en Caracas el I de marzo, José Tadeo Monagas comenzó a dar muestras de no estar dispuesto a dejarse manipular por los paecistas a través de los secretarios de gabinete que le habían sido impuestos. Ante tales circunstancias Páez y una combinación de comerciantes y terratenientes, inició una campaña de amenazas contra Monagas, que se tornó más agresiva cuando Monagas no reemplazó a los miembros de su gabinete y a los gobernadores provinciales con los candidatos paecistas, y además perdonó la vida a dirigentes de la oposición liberal, quienes habían sido sentenciados a muerte por haberse rebelado durante las elecciones de 1846, en especial al candidato presidencial Antonio Leocadio Guzmán. En respuesta de las presiones sobre Monagas, los liberales y opositores de los paecistas, entre los militares bolivarianos que habían sido excluidos del poder por Páez luego de la muerte de Bolívar, cerraron filas en torno de Monagas, viendo en ello la oportunidad, no sólo de formar parte del gobierno por primera vez, sino también de desplazar y derrotar de manera definitiva a los paecistas.
El apoyo de los liberales a Monagas y la aparente aceptación del mismo por éste, enfurecieron aún más a los paecistas, aumentando de esta manera la hostilidad entre liberales y conservadores. En este contexto, los paecistas expresaron su intención de utilizar al Congreso que estaba controlado por ellos para enjuiciar a Monagas por traición a la patria si éste no se les sometía. Con el apoyo de los liberales y de otros grupos de moderados que no veían razones suficientes para declararlo traidor, Monagas tomó ciertas medidas destinadas a defender su gobierno. Así, fue pasando a retiro a oficiales del ejército activo y desarmando a la milicia activa controlada por los paecistas, al tiempo que comenzó a armar a una milicia de reserva, compuestas por las «clases populares», supuestamente liberales y que normalmente se mantenía para efectos de reclutamiento. Antes de la apertura del Congreso de 1848, la oligarquía mantuvo su intención de enjuiciar a Monagas por violaciones a la Constitución. En tal sentido, en caso de ser hallado culpable, serían puestas en prácticas 3 leyes que asegurarían el control militar y político del país. La primera ley entregaría el poder real al ejército quien sería nombrado por el Congreso sin que el presidente pudiera deponerlo; siendo Páez nombrado jefe del Ejército. La segunda ley establecería el juicio marcial para toda rebelión aunque fuera llevada a cabo por civiles. La tercera y última ley, restringiría el derecho al sufragio únicamente a los «ciudadanos honorables». De acuerdo con el cálculo de los liberales, si lograban la crisis política y mantenerse en el poder, lograrían obtener la mayoría en el Congreso en las elecciones legislativas previstas para 1848. Por su parte, los conservadores no estaban dispuestos a correr el riesgo de perder dichas elecciones. En definitiva, este era el clima que antecedió a la apertura de las sesiones del Congreso.

Los Hechos:

El quórum reglamentario para iniciar las sesiones en el Congreso no se obtuvo sino hasta el día 23 de enero de 1848. Previamente, 30 diputados de un total de 63, se habían reunido el día 19 y aprobado secretamente apoyar la proposición de trasladar el Congreso a Puerto Cabello donde se suponía que este estaría a salvo de cualquier interferencia por parte del Poder Ejecutivo. Asimismo, decidieron declarar con lugar la resolución de enjuiciar al presidente. En la sesión de apertura, la Cámara de Representantes se declaró en sesión secreta y resolvió trasladarse a Puerto Cabello con el voto de 32 de los 44 diputados allí presentes. Sin embargo, aunque la razón para este traslado era garantizar la seguridad del Congreso los presentes (entre quienes se encontraban los monaguistas) entendieron que esto no era sino el preludio del enjuiciamiento de Monagas. Por otra parte, el traslado a Puerto Cabello sólo podía ser efectuado con la aprobación de la Cámara Baja (diputados) y la Cámara Alta (senadores). En este sentido, el Senado trató de considerar la proposición pero el senador liberal Estanislao Rendón, quien tenía la palabra y la mantuvo durante toda la sesión de ese día, aparentemente con la intención de retrasar la decisión del Senado de trasladarse y así forzar a la impaciente Cámara Baja a discutir las acusaciones en contra del presidente en Caracas donde Monagas tenía múltiples seguidores.
Ante la imposibilidad de trasladarse a Puerto Cabello, los diputados ecidieron formar una guardia en el local de sus sesiones para garantizar el libre ejercicio de sus funciones, nombrando al coronel Guillermo Smith para organizarla. Esta medida causó una agitación general en Caracas, ya que expresaba la desconfianza de los diputados hacia las autoridades gubernamentales, y también por ser Smith un reconocido paecista. En la madrugada del día 23 de enero, más de 200 hombres armados, la mayoría de ellos jóvenes pertenecientes a la oligarquía conservadora se habían presentado ante Smith para formar la guardia. Al conocerse esta noticia, grupos de hombres armados comenzaron a rondar las calles y las inmediaciones al Congreso. Asimismo, el gobierno le notificó al presidente de la Cámara de Representantes acerca de la inconveniencia de la presencia de una fuerza armada de semejante tamaño, ya que la Constitución sólo hacía mención a fuerza de policía únicamente y no a un número ilimitado de hombres para la guardia de Congreso. Aunque en principio el presidente de la Cámara negara tal reclamo, poco a poco la guardia se fue reduciendo durante la noche hasta el amanecer cuando sólo 20 jóvenes integraban sus filas. El día 24 de enero de 1848, a las 10 a.m., más de 1.000 personas se habían congregado a las puertas del convento de San Francisco en Caracas donde sesionaba el Congreso. Para el mediodía la barra pública estaba copada por “ciudadanos notables”, algunos de ellos armados, al tiempo que Smith y la guardia continuaba apostada en la entrada del convento.
Pasadas las 2:30 de la tarde del día 24 enero, el secretario de Interior y de Justicia, doctor Tomás José Sanabria, acompañado por un hijo de Monagas y 2 de los suyos, llegó a la Cámara Baja para entregar el mensaje anual presidencial, pero cuando se disponía a retirarse para hacer lo mismo ante el Senado, el diputado José María de Rojas propuso que el secretario y los otros 2 miembros del gabinete se quedaran para que informaran acerca del estado de agitación reinante en la ciudad y sobre las medidas tomadas por el Ejecutivo para mantener el orden. Sin embargo, este suceso fue interpretado en la barra como el arresto de Sanabria y los demás miembros del gabinete por parte de los congresistas, lo cual se comunicó de inmediato a la muchedumbre que se encontraba a las afueras del convento. Asimismo, la retención de Sanabria y los miembros del gabinete por parte del Congreso fue vista por el Ejecutivo como un intento por dejar al residente sin poder, ya que de acuerdo con el artículo 136 de la constitución, el presidente no podía expedir ninguna orden sino a través e los secretarios de su gabinete, aun si esa orden llevaba su firma. aulatinamente, ante los rumores de que Sanabria había sido asesinado, los nimos de la muchedumbre a las afueras del congreso fue caldeándose. Por u parte los conservadores estaban convencidos de que Monagas y los iberales procederían a disolver el Congreso para evitar la suspensión del presidente, utilizando además a la turba a las afueras del convento para atacar al Congreso.
Finalmente, la llegada unos milicianos a la entrada del convento de San Francisco, fue interpretado por los guardias del Congreso como un ataque inminente. Por tal motivo, aunque es imposible establecer quien comenzó las agresiones, la trifulca entre un hombre y uno de los centinelas fue el detonante de la violencia, ya que la inexperta guardia probablemente pensó que comenzaba el ataque produciéndose las primeras muertes en la muchedumbre reunida en la plazoleta. Por otra parte, pese a que la turba enfurecida no pudo entrar al recinto, los diputados paecistas estaban convencidos de lo que lo harían, por lo que presas del pánico, la Cámara Baja se disolvió y sus miembros escaparon por los balcones y tejados, siendo ultimados algunos de ellos. No obstante el recinto del Congreso como tal no fue asaltado. En total, murieron 8 personas, 4 de ellas diputados (3 conservadores y un liberal), destacándose la figura de Santos Michelena, quien falleció poco tiempo después. En términos generales, el suceso del 24 de enero de 1848 fue una respuesta agresiva por parte de la gente que estaba en la plazoleta y no un «atentado» al Congreso. Asimismo, sólo unos pocos hombres a la entrada del convento fueron los probables responsables de las muertes ocurridas. Estos hombres pudieron haber sido asesinos o simplemente individuos llevados a actuar por la actuación de la turba.

Consecuencias:

El 25 de enero de 1848, luego del asalto al Congreso, representantes del Ejecutivo así como el propio Monagas, acudieron a las legaciones para convencer a los diputados que se encontraban refugiados allí, para que reanudaran las sesiones del Congreso. Finalmente, tras lograrse el quórum, el Congreso declaró establecido el orden constitucional y le otorgó poderes especiales al Ejecutivo para contrarrestar cualquier alzamiento que pudiera surgir en el país. Gracias a esta medida, Monagas pudo sofocar la rebelión que estalló a los pocos días acaudillada por Páez. En definitiva, aunque erradamente el 24 de enero de 1848 pasó a la historia como un «asalto», el mismo no fue más que una pugna por salvar las instituciones republicanas sino una confrontación entre paecistas y monaguistas, en la cual resultó vencedor Monagas, demostrando su habilidad para defenderse de los oligarcas quienes intentaban valerse de la Constitución para sacarlo del poder. En conclusión, el 24 de enero de 1848, expresó la debilidad de instituciones que como el Congreso, todavía estaban en proceso de fortalecimiento y consolidación.


La vez que el Presidente de Venezuela quiso fusilar al parlamento




El 24 de enero de 1848 ocurrió en Caracas uno de los hechos más infames de la historia institucional venezolana, el llamado Atentado al Congreso o El Fusilamiento al Congreso. El suceso fue uno de los más dramáticos de los largos conflictos entre los conservadores, quienes eran liderados por José Antonio Páez, y los liberales, encabezados en ese momento por el entonces presidente José Tadeo Monagas habían amenazado la estabilidad del país desde su separación de la Gran Colombia.


A pesar de la Revolución de las Reformas, en donde próceres liberales como Santiago Mariño y Diego Ibarra, intentaron un golpe de estado contra José María Vargas, ambas facciones se habían estado manejando con relativa tolerancia en el Congreso Nacional. A principios de 1847, José Tadeo Monagas es electo Presidente de Venezuela, rompiendo la sucesión de presidentes conservadores que había gobernado desde 1830.


Según cuenta José Antonio Páez en sus memorias, entre los actos inconstitucionales que Monagas hizo en su primer gobierno se encuentra haber nombrado gobernadores regionales sin la debida aprobación del congreso, removió a los oficiales del ejército para colocar a sus allegados y confiscó armamento bélico para otorgárselo a sus partidarios. Los diputados del Congreso Nacional, nerviosos ante el militarismo del nuevo gobierno, pactaron en secreto para mudar el parlamento a Puerto Cabello y allí debatir la posibilidad de destituir y enjuiciar al presidente Monagas. Páez, quien se encontraba en aquel momento en tránsito hacia Colombia, relata de esta manera la creciente presión sentida en el ambiente político:


“Concentrábase un ejército en Caracas, sin cuidarse siquiera de pretextos, y al frente de todas las fuerzas se colocó a los facciosos de los años anteriores. Fieras amenazas se vertían: ostentábanse providencias para infundir terror, y la capital se veía en la misma situación de una ciudad que tuviese el enemigo a sus puertas. La prensa daba el grito de alarma sin temor ninguno a las consecuencias que consigo trae la falta de templanza en momentos de gran excitación, y comenzaron a correr rumores de que el Presidente se preparaba a romper sangrientas hostilidades con el Poder Legislativo.”


El 23 de enero de 1848, el Congreso Nacional aprueba la moción de trasladarse a Puerto Cabello con voto mayoritario y ante la presencia de partidarios de Monagas. Al día siguiente, mientras se hacía lectura de los cargos contra Monagas, un grupo armado entra en la Cámara de Representantes avivado por el rumor del secuestro de un ministro por parte de los conservadores y agrede a los legisladores, matando a tres e hiriendo entre otros a Santos Michelena, quien moriría por las heridas del conflicto.


Con los diputados refugiados en los hogares de los representantes extranjeros y Páez tomando el ataque como excusa para sublevarse contra el gobierno, Monagas manda a sus oficiales a buscar los legisladores para que reanuden las sesiones parlamentarias y volverse un órgano inerte, extensión del Poder Ejecutivo. Aquí fue que Fermín Toro, quien rehusó entregarse al congreso, dijo su frase lapidaria: “Decidle al General Monagas que mi cadáver podrán llevarlo, pero que Fermín Toro no se prostituye.”

Lo dijeron Jesús Armando y José Eduardo

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