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miércoles, 12 de marzo de 2014

Respetar es comenzar a ganar la guerra

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Hemos escuchado hasta el cansancio sobre la importancia del trabajo conjunto para formar una mejor sociedad. Las tareas comunitarias deben tener como base el respeto entre quienes forman parte de ella, de lo contrario no funcionan o duran poco, de manera que el respeto mucho tiene que ver para que estas prácticas sean efectivas.
En los tiempos que corren donde la tecnología hace de las suyas para alejarnos de las relaciones personales, debemos entender que necesitamos de los demás para crear una sociedad de convivencia y armonía donde cada uno aflore lo mejor de sí mismo en beneficio de todos.
Respeto, honestidad y responsabilidad por nuestros actos son valores fundamentales para hacer posible la tolerancia entre la comunidad y son las únicas armas de los ciudadanos para comunicarse eficazmente con sus gobernantes.
Lamentablemente, muchos lo han olvidado cuando, al no reconocer a quienes difieren de sus ideas, ejercen la fuerza y la opresión. El nefasto egocentrismo, ese que no deja ver más allá de nosotros mismos promueve la violencia y exacerba la insensatez.
¿Por qué nos cuesta tanto entender que en el equipo de la sociedad todos y cada uno de sus miembros somos importantes? ¿Es tan difícil compartir valores, promover el respeto y la tolerancia en función de fomentar una comunidad de relaciones interpersonales basada en los valores? Y con la palabra comunidad me refiero a la pareja, los hijos, la familia, el trabajo el salón de clases, los vecinos, la ciudad, el país…
Me atrevo a pensar que no. Quiero creer que sí es posible enseñar a nuestros hijos a ser personas de paz aun cuando nuestros líderes y gobernantes insulten permanentemente a todos con quienes tienen diferencias de opiniones. Tengo que pensar que aun cuando hay fallas de funcionamiento, todavía hay normas compartidas que orientan el comportamiento de los ciudadanos, que existen valores comunes que permiten que sus miembros interactúen de manera armónica para el bienestar de las comunidades.
Pero hay que mantenerlos, fomentarlos y promulgarlos constantemente. Es la única manera de que las generaciones futuras puedan comprender su significado y convertirlos en la columna vertebral de sus comportamientos.
Las relaciones humanas requieren tolerancia, confianza, apoyo mutuo pero sobre todo, aceptación de las partes. No aceptar las diferencias es tenerle miedo al respeto. Y el respeto es la práctica más democrática que existe.
Por: Marisela Toro Abascal (@mariselatoro1) el 10/03/2014

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