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lunes, 14 de mayo de 2012

CUANDO LA COMIDA ES AMOR





La relación entre la comida y mi cuerpo ha sido un punto de stress en mi vida desde la adolescencia. En algunos momentos más disimulada, en otros muy evidentes, pero la comida y mi cuerpo habían sido motivo de premios y castigos. Nunca de paz.


Desde hace algunos meses es que comencé a mirar esta historia con otros ojos. Con la mirada del amor, en lugar de la de mis juicios. Y comenzó una nueva historia que ahora estoy transitando, de aceptación y trabajo interior, la que me llevó a lograr lo que siempre había querido, pero de una manera diferente. Comer y hacer ejercicio dejaron de ser una tortura para transformarse en una manera de disfrutar mi vida.
Y en este camino, tuve algunos “darme cuenta” que quiero compartirles:
Que tratamos de guardar, disimular o cubrir nuestros miedos con comida, sobre todo el miedo a ser nosotros mismos.
comer_heladoQue el primer paso es aceptar que el problema no está en el nivel del cuerpo, de la alimentación, sino en un nivel menos perceptible, el de nuestra mente y nuestro espíritu. Son razones emocionales y psicológicas que están escondidas detrás de nuestra urgencia por llegar a la heladera y sentir el gusto de nuestra comida favorita, o la que tengamos a mano. Buscando  sentir algo más fuerte que el miedo que no queremos experimentar, quizás porque ni siquiera lo conocemos.
Que el cuerpo es neutral, es solo un efecto. No solo en lo que comemos, sino de la relación que tenemos con nosotros mismos. El cuerpo sostiene miedo o deja fluir amor. Y entenderlo nos llevará a ocuparnos de lo que realmente hará que nuestro cuerpo nos encante, tanto como nos encantamos de ser nosotros mismos. Darnos cuenta que el cuerpo es el efecto, no la causa, esa es la idea. Y sobre la verdadera causa es que debemos trabajar.
Que desde que, en algún punto, nos desconectamos del amor, comenzamos a sentir miedo. Y, sin saberlo, buscamos otra vez la experiencia del amor… pero a través de la comida. Buscamos algo que creemos que podemos controlar. Desde ese momento, hemos buscado lo que necesitamos, pero en un camino que no nos lleva hacia la solución. Le terminamos pidiendo a la comida y al cuerpo, lo que solo el amor puede darnos. Y así, entramos en una historia de sacrificio. El sacrificio que es el argumento de supervivencia del miedo. Y nos sacrificamos con dietas, ejercicios que exigen al cuerpo más de  lo que puede dar, y terminamos maltratándonos…cuando lo que buscábamos es amor. En este punto, estamos presos de una historia que no logrará satisfacción ni siquiera cuando estemos delgados, porque al alcanzar el peso que nos proponemos, tememos perderlo. Y, si no lo perdemos, vivimos en sacrifico, martirizándonos cada vez que un plato de comida se cruza frente a nosotros, comiendo lo que no tenemos ganas, siendo víctimas en cada fiesta donde haya comida… y perdiendo la paz, para seguir ganando peso.
No todos pueden entender lo que acaban de leer. Pero podemos reconocer si estamos entre los miembros de este club de miedo disfrazado de dietas, que luchamos, o hemos luchado, por cambiar en el cuerpo lo que le pasa al espíritu.
Pero hay buenas noticias, al menos fue las que encontré para mí. Pude entender que el amor que merecen las personas delgadas, es el mismo que merecemos nosotros. Y que nuestro destino no es venir al mundo a ganar y perder peso, sino a ser algo mucho, mucho, mucho más grande que eso.


POR: Julio Bevione
FUENTE: http://www.inspirulina.com/cuando-la-comida-es-amor.html

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